Ya en 1948 un grupo de judios americanos escribieron sobre el peligro de lo que es hoy Israel…
De Gara traigo esta noticia, que es tan contundente que no se necesita decir nada más.
José Steinsleger escritor y periodista
De gatos negros y chivos expiatorios
Decir que el mundo está cruzado serÃa redundancia. ¿Los teléfonos también? En dÃas pasados, manifesté al embajador de Palestina el deseo de apadrinar a un niño de Gaza, y en el contestador apareció un mensaje de la embajada de Israel. Sentà un escalofrÃo… El teléfono volvió a sonar. Dilatando las pupilas y erizando el pelaje, Gardel emitió un maullido que sonó a uña rayada en pizarra, y arqueó la cola en posición de combate.
De los nervios, volqué una taza de café… ¡mierda! Eran ellos.
-Soy la asistente del señor Eldad Golan, consejero polÃtico y de prensa. ¿PodrÃa darnos su correo?
-¿Y yo por qué?
-El consejero desea comunicarse con usted.
¡Jijos!… Seguro que piensan enviarme un virus. ¿Negarme? Inútil. Los muchachos de la Iniciativa Mérida igual se lo hubiesen dado. Simulando acento ydisch, respondÃ:
-Está bien… pero si me llenan el correo con propaganda, los denuncio. Y al señor Golan dÃgale que las alturas del Golan pertenecen a Palestina.
La ecuación no falla: a más cagazo, más audacia. Recordé aquella pelÃcula en la que un agente del Mossad tropezaba en la calle con los blancos elegidos. «Excuse me», les decÃa. En el tropezón, el agente les aplicaba un imperceptible piquete. El blanco seguÃa caminando y… a otra cosa mariposa. Uhm. En adelante, evitaré el gentÃo y trataré de no acercarme demasiado a las vÃas del Metro.
La CIA es más amigable. Los gringos van a lo suyo y ya. Con un vaso de «Coke» y engullendo «pizza hut», sus agentes señalan al Pentágono dónde hay que bombardear, y luego preguntan a la Casa Blanca qué sigue en la agenda. No pierden el tiempo con intelectuales o periodistas «sesgados». Bueno… eso dicen.
Una señora escribió en este periódico: «Una vez más, el odio a los judÃos: hay que decirlo» («Apuntes sobre Gaza», «La Jornada», 22/01/09). Señora: las generalizaciones confunden. Desde su fundación, el Estado de Israel ha venido destruyendo el pensamiento y la cultura judÃa. Son los sionistas los más interesados en sembrar, fomentar, lucrar, manipular y sacar partido polÃtico del «odio a los judÃos», más inventado que real en comparación con el que a diario padecen indÃgenas, pobres, y nacos del mundo entero.
Agrega la señora: «…la tentación antisemita permea muchos de los discursos (en general de una cierta izquierda)…» ¿Pero quién persigue o viola los derechos de los 40 mil judÃos que viven en México, paÃs donde 10 millones de indÃgenas no tienen derecho a existir, y se considera «normal» que «por su aspecto» 70 millones de mexicanos no tengan derecho a hacer pis o leer revistas gratis en Sanborns?
La señora lamenta el supuesto «antijudaÃsmo» de los comentarios que «…hacen de Israel un Estado nazi, y la comparación de la franja de Gaza con el gueto de Varsovia». Sin embargo, el 2 de diciembre de 1948 (¡en pleno juicio de Nüremberg!), el «New York Times» publicó una carta suscrita por 25 prominentes judÃos de Estados Unidos, que empieza asÃ:
«Entre los fenómenos polÃticos más inquietantes de nuestra época tenemos en la creación del nuevo Estado de Israel, la aparición del Partido de la Libertad… un partido polÃtico con un enorme parecido en cuanto a su organización, métodos, filosofÃa polÃtica y planteamientos sociales a los partidos nazi y fascista». Albert Einstein y Hannah Arendt encabezaban las firmas.
Del Partido de la Libertad surgió Herut, matriz de la coalición que en 1973 fundó el Likud, hoy en el poder y encabezado por el criminal de guerra Ehud Olmert. Varios terroristas del Likud fueron primeros ministros: Menajem Beguin (Premio Nobel de la Paz, sic, 1978); Yitzhak Samir, asesino material del diplomático inglés lord Moyne (1944), y del representante francés de la ONU Folke Bernardotte (1948); Benjamin Netanyahu (actual lÃder del Likud) y Ariel Sharon, quien participó en la masacre de la aldea palestina de Kibya (1953) y coordinó las milicias cristiano libanesas que perpetraron la masacre de palestinos en los campos de Sabra y Chatila (LÃbano, 1982).
Realidad y plañideras nunca se han llevado bien. ¿AnalogÃas forzadas de «cierta izquierda»? Fue Dov Weisglass, asesor del primer ministro israelÃ, quien habló de poner a los habitantes de Gaza «a dieta»; fue el viceministro de Defensa, Matan Vilani, quien dijo que los palestinos iban a experimentar «una mayor shoah» (holocausto). Por esto, 90 destacados judÃos británicos observaron en un desplegado: «Eso nos recuerda al gobernador general Hans Frank en la Polonia ocupada por los nazis, que habló de `muerte por hambre’» («The Guardian», 10/01/09).
¡«Contra el antisemitismo»! Muy bien. Espero que los «librepensadores» de México expresen su indignación por la decisión del papa Benedicto XVI, quien el sábado pasado revocó la excomunión a cuatro obispos integristas que negaron el holocausto.
Gardel no es como era Willie, el shorthair de pelaje negro de los Bush, fallecido el 4 de enero pasado en su residencia. Diga si George W. no fue un hijo de puta. Hasta el último suspiro aprobó la matanza de Gaza… ¡y le dejó a Obama un gato negro enterrado en la Casa Blanca! Gardel, en cambio, es inmortal. Gardel es antimperialista.
© La Jornada






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